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domingo, 21 de mayo de 2017

Feria del libro Independiente CHILE




FLIA son las siglas para feria del libro independiente, dónde la letra A tiene muchos significados: Alternativa, Autogestionada, Autogestivo, Anarquista, Alegre, Etc. Estas ferias de editoriales independientes se hacen presente donde los libros no suelen llegar y están interesados en torno a las políticas del libro. Creen que el libro, además de ser económico, debe ir hacia donde están las masas y abrir ahí un nuevo público lector.
Esta iniciativa surge hace 11 años en Argentina, ante la negativa de la feria internacional del libro de Buenos Aires La Rural para que algunas editoriales independientes expusieran en ella. Con la idea de enfrentar dicha situación y a modo de manifestación, estas editoriales se organizaron y se pusieron a exponer sus trabajos justo en la puerta de la feria del libro, dando forma a lo que sería la FLIA. El año 2008, editoriales independientes chilenas comienzan una relación con la FLIA Argentina y lo que comenzó como una relación de intercambio de libros, se transformó en la idea de replicar la experiencia de FLIA en Chile, generándose así ese mismo año la primera FLIA en Chile.
FLIA, a diferencia del común de las ferias del libro, es principalmente callejera, llevando los libros donde hay gente que normalmente no tiene contacto con ellos. Además de exponer sus materiales, se hacen lecturas publicas incentivando a la gente a adquirir este hábito. Saben perfectamente que muchas veces no venderán muchos libros, pero así como tienen instalaciones que les sirven para vender, tienen otras para solamente divulgar y acercar estos libros al pueblo.

El conjunto de editoriales independientes que conforman FLIA tienen una relación no solo solidaria con el pueblo, sino también entre ellas. Cuando alguna se logra integrar a otra feria intenta conseguir espacios para que expongan las demás editoriales. De no conseguirlo llevaría a la feria no solo sus libros, sino que también los de las otras editoriales independientes.
PRÓXIMAS FECHAS: ¡¡ FLIA UNIVERSITARIA EN MAYO !!
Desde el miércoles 17 de mayo, está desarrollándose la FLIA (Feria del Libro Independiente y Alternativo en Latinoamérica) en algunas universidades, donde está participando Periódico El Pueblo. Quedan todos invitados a visitarla en las próximas fechas (23, 24, 26 y 31 de mayo) y agradecemos profundamente la invitación.

23 de mayo; 11:30 a 15:00 hrs. U. Cardenal Silva Henríquez

24 de mayo; 11:30 a 15:00 hrs. Derecho U. Central

26 de mayo; 12:30 a 15:30 hrs. Filosofía U. de Chile

31 de mayo; 12:00 a 17:00 hrs. Pedagógico, UMCE



viernes, 19 de mayo de 2017

Cuento del sábado: Jack

Jack

I

En una mañana de primavera, el sol jugaba con las hojas de los árboles cercanos y, en los pastos del bosque, crecían algunas violetas silvestres.
    El día estaba muy luminoso y, mientras contemplaba de pie la naturaleza que lo rodeaba, Jack descansaba a gusto.
    Vivía en paz consigo mismo y un sentimiento de unión con el Universo lo embargaba.
    Era parte del bosque. Su nombre, que aceptó sin condiciones, lo sentía muy parte suya. Estaba orgulloso de él. Orgulloso de tener el mismo nombre que su amigo.
    Dos gorriones se acercaron a sus pies. La primera visita de la mañana. Aceptó la compañía de los gorriones, mientras estos daban pequeños brincos a su alrededor.
    La tarde pasó y siguió en el bosque pues no tenía a dónde ir. Las estrellas aparecieron y unos visitantes surgieron caminando en dirección a Jack.
    Eran dos hombres que, lentamente, y a un paso que se podría llamar esquivo, caminaban hacía donde él se encontraba. Se detuvieron a sólo diez metros. No parecían haberlo visto.
    En el silencio del anochecer, Jack podía escucharlos y, con un poco de perspicacia, cosa propia entre los suyos, notó que el más alto era el mayor. Tenía barba negra y acariciaba su barba como si con eso lo hiciera parecer más inteligente. Luego, guardó su mano izquierda en el bolsillo del enterizo de jean. El otro tenía pelo corto y lacio, llevaba un traje de vestir azul oscuro, camisa blanca a medio desabrochar. No llevaba corbata puesta.
    Por lo que pudo escuchar, el de traje se llamaba Paul y trabajaba en la financiera del pueblo, a unos cinco kilómetros del lugar.
    El hombre con camisa y pelo corto trataba de hacerle entender algo a su compañero:
    —Te digo que ya no tiene familia. Nadie más que un tío millonario que vive en Europa, y no lo ve desde hace años.
    —Pero si… —el otro lo interrumpió haciendo un ademán—. Pero si…
    —Nada. Hace dos años, cuando fue el funeral de su abuelo, aparte de él, todos los que estábamos éramos gente del pueblo.
    Con toda la pinta de montañés, entero de vaquero, barba larga y no muy seguro de la idea de su compadre igual dijo:
    — ¿Cuál es el plan?
    El hombre de traje, a sabiendas de que ya tenía al otro convencido, guardó silencio ante la pregunta. Se acomodó las solapas del traje azul y, como si fuera a dar un discurso de fin de año, se paró bien derecho —Como sabes, lo conozco desde chico, es más, fui a la escuela con él. Nunca soporté su estúpida bondad. Pero… bueno, eso es otra cuestión. Siempre se manejó mal en los negocios —ahora le sonreía a su compañero—. Hasta podríamos estafarlo todo el resto de su vida sin que el chorlito sé diera cuenta.
    —Entonces, ¿no sería mejor que?… —el otro no lo dejó terminar.      Lo miró con cara de lobo que encuentra su Caperucita perdida y, cuando vio que su compadre no hacía intento alguno de continuar, se dispuso a seguir. Estaba claro que, si había un jefe, ése era el de traje.           
    —Lo haremos a mi modo, será muy simple. En la oficina tengo los papeles con la herencia, que le hice firmar la semana pasada. Como lo preveía, el muy tonto firmó sin leer. Le dije que eran los últimos documentos de la herencia de su abuelo.
    —¿Está tu nombre en ellos, Paul?
    —Por supuesto, la herencia de todo el campo, con el ganado, la casona… hasta los perros —el otro rió festejando a su compañero.                 
    —Bueno, Henry no te preocupes por tu parte, luego que…
    Un ruido de pasos se escuchó no muy lejos, y el otro se detuvo.
    —¿Escuchaste eso Paul?
   —Sí… será mejor que sigamos mañana a la misma hora. Tú ve por allá y yo volveré por donde vinimos. Hasta mañana, Henry.
    —Hasta mañana, Paul.

II

Despertó con el alba. La mañana se fue despejando con el correr de las horas y Jack siguió en el bosque dándole vueltas a sus pensamientos. Veía la brisa ir y venir, contemplaba a las aves en sus recorridos de árbol en árbol. Se quedó toda la tarde esperando a que volvieran los dos hombres del anterior.
    El primero en llegar fue el hombre de barba, Henry. Salieron las primeras estrellas, los últimos colores solferinos del atardecer desaparecieron y el montañés se puso a dar vueltas por las inmediaciones.
    Por lo visto, no llevaba reloj, y estaba impaciente. Se tocaba la barba, daba grandes pasos por los pastizales.
    Esperó casi media hora, y el otro no aparecía. Cuando llegó, vio que llevaba un traje celeste con la misma camisa del día anterior. Traía un pequeño maletín color café.
     —¡Viniste!
     —No te iba a fallar.
    Luego de hablar algunas banalidades sobre las tareas de aquel día, el hombre de traje se dispuso a seguir con el plan.
    —Los papeles están listos; sólo hubo una pequeña variante                 —interpuso una mano para que no lo interrumpiera—. Ahora somos tres.
    — ¿Cómo que tres? Pero… ¡En qué va a acabar esto, Paul!
    —Déjame explicarte —el otro hizo un gesto apesadumbrado y afirmativo con su cabeza—. Nunca se me ocurrió que podría suceder esto.
    — ¿Qué?
    —Ayer a la tarde, estaba por traer el original, y una copia de la herencia firmada. Pero, a último momento, la duda me atrapó… y ya sabes cómo es eso…
    —No es buena consejera.
    —Exactamente. Dejé los papeles en el escritorio. Hoy a la mañana llegué a la oficina, y alguien ya había abierto la puerta. La primera persona que se me cruzó por la cabeza fue Carol que podría haber leído los papeles. Cuando entré, estaba haciendo lo que tanto temía,  y me miraba con los papeles en la mano. En ese momento, se me cruzaron mil ideas, pero solo dos soluciones posibles. Una era matarla a ella también. Ya sabes cómo es Carol.
    —Sí, está bien buena.
    —No, tonto, lo que quiero decir es que no es una mujer de muchas vueltas. Enseguida le expliqué todo lo que habíamos planeado. Accedió, si recibía el treinta y tres por ciento de las ganancias del campo.
    —Bueno, como dice el dicho, lo hecho, hecho está. Entonces, ¿cuál es el plan?
    —Ya ideé los últimos detalles con el agregado de Carol. No le va a salir tan barato —dijo, enfatizando las dos últimas palabras, y el otro hizo un gesto como si fuera lo más obvio—. Tendrá que ganarse su parte haciendo de campana en la puerta de la estancia. Llegaremos a las seis de la mañana en tu camioneta. Mientras nosotros recorremos a pie los últimos trescientos metros hasta la casona, ella se quedará en la entrada, con la camioneta en marcha por cualquier imprevisto. Tocaremos la puerta y, cuando nos abra… pasamos como si estuviéramos de visita con la excusa de algún negocio. A la primera oportunidad, a una señal mía, tú le inyectas el veneno. Llevaré una segunda jeringa, por si se complica.
    El montañés, no muy convencido de lo último, igual dijo:
    —Y Jack será historia.
    Los dos rieron, mientras a Jack, le recorría un escalofrío por todo el cuerpo. La víctima era su amigo, el que le había dado un nombre a él, que no tenía ninguno. Debía avisarle. Pero, ¿cómo?
    Mientras los dos hombres se alejaban, arreglando los últimos detalles de su malévolo plan, sintió toda la impotencia que nunca antes habría sentido.   
    Aquella noche, Jack durmió intranquilo y despertó al amanecer con toda la congoja que se puede sentir, cuando se tiene la certeza del peligro que corre un ser querido y nada se puede hacer.
    A media mañana, volvieron los dos hombres trayendo, con mucho esfuerzo, un gran costal. Lo arrastraban por el bosque, y llevaban cada uno unas palas al hombro.
    —¿Dónde? —preguntó el montañés.
    El otro sé acercó a Jack y una sonrisa malévola se le dibujó en el rostro. 
    —Acá.
    —Pero, ¿si lo descubren?
    —No te preocupes por eso. No perdamos más tiempo.
    Durante un buen rato cavaron en el lugar y, poco después, tiraron el pesado costal al pozo.
    Después pusieron una capa de pasto y la única diferencia que se veía era una nueva y pequeña elevación en el terreno. Fuera de eso estaba como antes.   
    Sabía quién estaba en el costal y lloró en silencio…
    A los cinco minutos, el ruido de una camioneta a toda marcha se oyó a lo lejos.  Momentos después, a unos veinte metros de Jack, la camioneta coleaba en la tierra, y frenaba.
    —¡Vamos! ¡Rápido! Todo ha salido mal —gritó una muchacha desde la camioneta.
    Los dos hombres se miraron por un momento y, sin dudar, corrieron rumbo al vehículo, mientras éste salía como había llegado.
    Jack no pudo terminar de entender todo lo que sucedía cuando llegó más gente. Esta vez, un gran auto azul del que bajaron cuatro hombres. Tres de ellos eran oficiales, mientras que el último, llevaba puesto un traje negro y un impermeable encima.
    —La señora Blanck dijo que iban en ésta dirección.
    —Pero yo no creo…
    —Piense una cosa, Fernández, llevaban un costal. ¿Qué cree que llevaban en el costal? —dijo el hombre de impermeable a uno de los oficiales.
    —. Sí ya sé, ya sé—respondió el otro.
    El de impermeable caminó como dudando hacia Jack y su rostro, al ver el nombre, quedó paralizado.
    —¡Vengan, miren esto! —los otros se acercaron y, como fotocopias, quedaron con la misma expresión atónita.
    —¡Busquen por alrededor!
    Con la orden del hombre de impermeable, los tres oficiales, se pusieron a trabajar al momento mientras una traía una pala. Luego de mover un poco la tierra, volvieron todo a su lugar.              
    Como si la obra de los malhechores hubiera tenido cierto sentido y planificación, los cuatro hombres quedaron pensativos.
    Como si hubiera estado preparado por años, el nombre permanecía tallado en el tronco.
    Era su árbol preferido, el lugar del bosque de su niñez. Ahí se sentaba a leer o, simplemente, a escuchar a la naturaleza, y comentaba con su amigo de largas ramas, jugando, tal vez, a que él lo escuchaba.


III

Por muchos años no hubo días como aquellos, en ese bosque del Estado de Colorado.
    Los árboles nunca olvidaron al muchacho que contaba cuentos en voz alta y, cada tanto, le pedían a Jack el único árbol con nombre. Que contara otras cosas de aquel muchacho.
    Cómo, a los seis años, con el cuchillo que su abuelo le había regalado para su cumpleaños, talló en grandes letras su nombre en el frondoso tronco.









martes, 16 de mayo de 2017

Les dejo el enlace al cuento "Oro'' que me publicaron este mes en la revista "Extrañas Noches".

viernes, 12 de mayo de 2017

Cuento del sábado: Biografía de un astronauta secreto

Biografía de un astronauta secreto






De chico jugaba como cualquier niño de Buenos Aires, hasta que un día, sus padres entraron a su habitación de juego junto a un hombre de rostro misterioso. ‘’Este será tu tutor por los próximos años, hijo’’, dijeron sus progenitores. ‘’Vendrás los fines de semana a visitarnos. Nunca te dejaremos, pero ahora iras con este señor’’, concluyeron al fin sus amados progenitores.
    Después de aquel acontecimiento, su vida ya no sería la misma. El niño que luego se transformaría en escritor, en un principio, nada sabía de qué se trataba eso. No hubiera imaginado que por su intuición y sus capacidades de empatía, había sido elegido para ser parte de una agencia secreta espacial.
    Los años pasaron y en su adolescencia, a diferencia de otros jóvenes que comenzaban a jugar al enamoramiento, él se dedicó a desentrañar las intenciones de extraterrestres venidos de distintas partes de nuestro Universo.
    Al igual que cualquier ciudadano, él nos cuenta, que dentro de la sociedad argentina, él tenía que cumplir una función visible. En diferentes entrevistas, dice que descubrieron en él una gran necesidad de trasmitir todo lo que le sucedía dentro de su vida secreta. Por esa razón, a los dieciocho años, en la agencia que él dice que es muy real, pero que como biógrafos no podemos comprobar, le dijeron: “Vas a ser escritor”.

    En estos relatos consideramos que está la oportunidad de recibir información verídica de experiencias con seres de otros mundos. Por supuesto, el lector tendrá la última palabra.




jueves, 11 de mayo de 2017

''Una Construcción Simétrica" en Mercado Libre

domingo, 7 de mayo de 2017

¡Se viene la F.l.i.a de Lomas 2017!


viernes, 5 de mayo de 2017

Cuento del sábado: Dialogo de un sistema de esclavitud & Story of Saturday: Dialogue of a System of Slavery

Diálogo de un sistema de esclavitud con el ser




La nada lo cubría todo. El escenario se abrió, dejó apenas iluminados a los dos personajes que miraban a la audiencia, y una oscuridad profunda se extendió sobre el auditorio.
    El primero de los dos personajes, era un payaso, hasta se lo podría ver como el rey de los payasos. Respondía al nombre de Gog y aclaró que pedía disculpas por su hermano que no había llegado para acompañarlo. El segundo, iluminado de forma tan pobre como el primero, era un campesino que, por sus simples ropas, se lo podría situar en el siglo XV, el XVIII o el XX. Si de un país se tratase, podría haber sido Rusia, Francia, Estados Unidos o, incluso alguno de Asia.
     El payaso, con su brillante ropaje y bien erguido, increpó al vecino con un dedo índice que se escondía en un guante:
    —Somos la policía, y si te portás mal, te encerramos en este edificio.
    El campesino no tardó en responder:    
    —Nacemos libres y el único contrato que tenemos es con nuestra madre, la Tierra.
     —Nosotros somos los jueces y la justicia. Si no cumplís con nuestra ley te juzgamos en este otro edificio y luego te encerramos —arremetió entonces el payaso.

 El campesino siguió respondiendo:
    —Sólo conozco dos leyes. La Ley de la Creación y la de Dios. Nada escapa a ellas. La casualidad es Ley no conocida.
     —Nosotros somos el sistema político. Si no pagás tus impuestos, te llevamos a que te juzguen y luego te encierren.
     —Como hijos de nuestra madre Tierra, tenemos derecho a hacer uso gratuito de ella y de sus frutos.
     —Nosotros somos tus profesores. No olvides que “el tiempo es dinero”. Si no estudiás y adquirís un título universitario, no vas a tener con qué pagar tus impuestos. Entonces, te van a juzgar y, luego, te van a encerrar.
     —La Ley primera es la Ley de la Creación, y dice: “Debes adquirir todo conocimiento posible para entender mejor la Creación y su Ley” —respondió el campesino.
    El público empezaba a ponerse a favor del campesino.
      El payaso miró, nervioso, primero a su contrincante y luego, a un público ya condenatorio:
    —Es el mejor sistema de organización que pueda existir —dijo.
      —Existen infinitos sistemas de organización, tantos como ideas puedan imaginarse —respondió el campesino.
Entonces, el payaso replicó:
     —¡Es el mejor de los mundos posibles!
     —Existen infinitos mundos, algunos de perfección y belleza tales, que sólo a través de la gloria y la alegría pueden imaginarse —dijo el campesino, acompañado por murmullos.
     —Es el único mundo con vida hasta ahora conocido. Pero lo más importante es que se trata de un sistema de libertad —respondió, entonces, el hombre vestido de payaso y, mientras lo decía, levantaba los brazos en un intento de ganar a un público tal vez ya perdido. 
     —Como el Universo es un ser vivo, la vida es el fin mismo de la Creación. No existe libertad verdadera mientras haya un sistema basado en el control —terminó el campesino, tapado por  aplausos y ovaciones de alegría.
    Entre el público, se escuchó a alguien que señaló al payaso y dijo:
    —¡El rey está desnudo!
    Esto último pareció confirmar que el personaje primero era, sin duda, el rey.



Dialogue of a System of Slavery





Nothingness covered everything. The stage opened, the two characters staring at the audience barely illuminated, and a deep darkness spread over the audience.
    The first of the two characters, was a clown, and could even be seen as the king of the clowns. He answered to the name of Gog and made it clear that he apologized for his brother who had not arrived to accompany him. The second, illuminated as poorly as the first, was a peasant who, by his plain clothes, could be set in the fifteenth, eighteenth or twentieth century. If it were a country, it could have been Russia, France, the United States or even any country from Asia.
    The clown, in his bright clothes and well erected, reproached the neighbor with an index finger hidden in a glove:
    —We're the police, and if you misbehave, we'll lock you inside this building.
    The peasant was quick to reply:
    —We are born free and the only contract we have is with our mother, Earth.
    —We are the judges and the justice. If you do not comply with our law we will judge you in this other building and then we'll lock you in —the clown attacked.
    The peasant continued to respond:
    —I only know two laws. The Law of Creation and the Law of God. Nothing escapes them. Chance is a not known law.
    —We are the political system. If you do not pay your taxes, we will get you to be judged and then be locked up.
    —As children of our Mother Earth, we have the right to make free use of it and its fruits.
    —We are your teachers. Do not forget that "time is money". If you do not study and earn a college degree, you will have nothing to pay your taxes. Then you will be judged and then you will be locked up.
    —The first Law is the Law of Creation, and reads as follows: "You must acquire all possible knowledge to better understand the Creation and its Law" —replied the peasant.
    The audience was beginning to favor the peasant.
    The clown looked, nervous, first to his opponent and then, to an already condemning audience:
    —It is the best system of organization that can exist — he said.
    There are infinite systems of organization, as many as ideas can be imagined —replied the peasant.
    Then the clown answered:
    —It is the best of all possible worlds!
   —There are infinite worlds, some of such perfection and beauty, that only through glory and joy can be imagined —said the peasant, accompanied by murmurs.
     —It is the only world with life known until now. But the most important thing is that it is a system of liberty —the man dressed as a clown answered and, as he said it, he raised his arms in an attempt to win over a public already lost.
    —As the Universe is a living being, life is the very end of Creation. There is no real freedom as long as there is a system based on control — finished the peasant, covered by applause and cheers of joy.
    Among the audience, someone was heard who pointed to the clown and said:
    —The king is naked!
    The last thing seemed to confirm that the first character was undoubtedly the king.

                             Traducción: Delfina de la Torre




miércoles, 3 de mayo de 2017

La Vida con un Duende desde Mercado Libre a todo el Mundo

sábado, 29 de abril de 2017

Video del Tercer puesto de la copa Slam Divide y Reina Rech

viernes, 28 de abril de 2017

Poesía del sábado: Canción de la Montaña & Saturday Poetry: Mountain Song

Canción de la montaña






¡Ah! ¡Al fin alguien que sabe bailar!
Que se deja llevar como las hojas por el viento,
como el agua entre las piedras,
como la nieve que cae, amaga y desciende.



¿Cuándo será el día que mi destino convenza?
Que me lleven a dar una vuelta
por campos de estrellas.
 Y, a mi regreso, el mundo que alguna vez conocí, ¿será nuevo?



Los hombres ya no pelearán.
Ese tiempo habrá pasado.
Su camino los habrá llevado a un destino de comunión.






Mountain Song






Ah! Finally someone who knows how to dance!
That allows himself to be carried away like the leaves by the wind,
Like the water between the stones,
Like the falling snow, that grazes and descends.




When will the day come, my destiny convinces?
Take me for a ride
across fields of stars.
And, upon my return, the world I once knew, will it be new?



Men will no longer fight.
That time will have passed.
Your path will have led you to a destination of communion.


Traducción: Delfina de la Torre



viernes, 21 de abril de 2017

Cuento del sábado: Catalogador de Galaxias


Catalogador de Galaxias





Fue su decisión. Nadie lo obligó a lo que a él le daba el mayor de los placeres y que para otros, tal vez fuera una tortura.
    Con su cuerpo de sílice especialmente preparado para la tarea, ahora trasmite desde los bordes del cúmulo estelar septentrional de la estrella Arcturucs.
    Ciento cincuenta años lleva en su labor. Sabe que las reservas de su flujo de vida, gracias a la tecnología de los Antarianos, rozan los quinientos mil años. Por otro lado, según él nos contó, sacó la cuenta de que si catalogaba unas quinientas por cada día de Andrómeda y llenaba su ficha con todos los datos para luego reenviarla a las cincuenta y tres estrellas interesadas en su trabajo, tal vez pudiera catalogar cincuenta millones de colosales galaxias.
    Su estación espacial no es muy grande, pero sí lo suficiente como para no aburrirse. Es de estilo laberinto, en las que uno, aun conociéndolas, puede desaparecer en sus entrañas por largo tiempo, hasta encontrar de nuevo el camino.
    La estación es de forma cilíndrica, de no más de doscientos metros de largo y treinta de diámetro. Suficiente para tener una centena de recovecos y habitaciones que, con tecnología holográfica, como los que existen en cualquier selva de las estrellas interesadas en el proyecto, te hacen sentir en un pequeño mundo lunar, lleno de vegetación.
    Si uno se encontrara ahora mismo en su lugar, como nosotros mismos podríamos, vería mucha oscuridad desde las ventanas de su cabina preferida. También cuenta con otras cuatro, en total, cinco, todas diferentes. Pero aunque, en apariencia son incomparables unas de otras con muebles de culturas muy diferentes, también son funcionales a la tarea que él lleva a cabo. Para que ustedes se den una idea de las confluencias culturales entre las cinco cabinas, daremos el siguiente ejemplo: en una, se ve una manija para beber líquido, en otra de las cabinas de trabajo, el mismo artilugio es una esfera traslucida, que brilla al tocarla.
    Pero ¿Por qué tanta complejidad y lujo? , podría preguntarse alguien.
    Digamos que los interesados son suficientes, y saben lo que los largos períodos pueden llegar a provocar en la conciencia… En otros términos, para que quien, en su libre albedrío, ha elegido esta tarea no se vuelva loco y, con ello, se pierda la misión.
    Otro podrá preguntar: ¿Por qué una persona sola en una estación espacial haciendo este trabajo?
    Porque las culturas que introdujeron a esta persona siguieron este flujo de vida desde años antes de su nacimiento y saben que es la indicada.
    Otro integrante de este público eterno y atemporal podrá preguntar también: Pero ¿Por qué estar solo?
    En realidad todos estamos solos en el Universo. Los demás pueden estar cerca del cuerpo pero separados por años luz de nuestra conciencia. En definitiva, para que esta persona se concentre más en su tarea y, porque, la soledad es parte del experimento.
    09. X .120. 6574 Fin de trasmisión…