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sábado, 17 de febrero de 2018

Cuento del sábado: Biografía de un astronauta secreto


Biografía de un astronauta secreto





I

De chico como cualquier niño de Buenos Aires jugaba en su casa, en una plaza o en la casa de un amiguito, hasta que un día, sus padres junto a un hombre de rostro misterioso, entraron a su habitación.  
Este será tu tutor por los próximos años, hijo… Ahora iras con él dijo su progenitor con una mano sobre su pequeño rostro mientras agregaba: Vendrá a buscarte los fines de semana y te llevará a jugar a un lugar muy especial.
El niño, sin entender de qué se trataba aquello, miró a su padre y preguntó:
—¿Ahora iré con este señor?
—Sí, hijo. —fue la corta respuesta de su progenitor.
Después de aquel día, la vida de este niño que luego se transformaría en escritor, ya no sería la misma.
En un principio, para él esta nueva experiencia, solo se trataba de unos señores amigos de su padre, que lo venían a buscar y lo llevaban a un extraño parque de diversiones lleno de salas de juego y salas de educación.
Nunca hubiera imaginado que por su intuición y sus capacidades de abstracción, había sido especialmente elegido para ser parte de una agencia secreta espacial de occidente.  

                                                                           II

Los años pasaron, la adolescencia llegó y a diferencia de sus amigos de barrio que, comenzaban con los juegos del enamoramiento. Él se dedicaba a desentrañar las intenciones de extraterrestres venidos de distintas partes de la Galaxia y más allá.
Él nos cuenta, que al igual que cualquier ciudadano de la sociedad argentina, tenía que cumplir una función visible. Por eso nos relata en diferentes entrevistas que, en aquella agencia secreta, le realizaban infinidad de pruebas psicofísicas. Nos cuenta que por lo anterior, descubrieron en él una gran necesidad de trasmitir sus vivencias. ¡Cosa que no está demás decir que en un primer momento casi se lo impidieron! Pero más adelante, al cumplir los dieciocho, la agencia que él nos dice es real, le permitió hacer biografías ficcionadas de sus experiencias con diferentes visitantes del Cosmos.
¡Vas a ser escritor!—le confirmaron en la agencia espacial secreta.
Todo lo anterior dicho, por supuesto, no lo podemos comprobar. En los siguientes cuentos de ficción, consideramos que está la oportunidad de recibir información verídica de experiencias con seres de fuera de este mundo. Por supuesto, el lector tendrá la última palabra.




miércoles, 14 de febrero de 2018

"Cuarta Dimensión" en el bosque

Esto es lo que sucede cuando tres personas con ganas de divertirse y un poco de imaginación se juntan. Con la participación de Mariana Alejandra Méndez y Rubén Botas. Habrá mas videos.



martes, 13 de febrero de 2018

Desde Punta Lara: "Uno es el Todo''

Video de polipoesía grabado junto a Mariana Alejandra Méndez y Machi Carreras frente a la costa de Punta Lara.



En ''Panda Rojo''

Les dejo algunos textos que leí en la inaguración del espacio cultural "Panda Rojo".


sábado, 10 de febrero de 2018

Cuento del sábado: El Hombre Pastilla


Se que este es un cuento que ya he subido un par de veces, pero por ser uno de los más populares, me dieron ganas de volver a ponerlo. Podría agregar que el texto es parte del libro "La Vida con un Duende" 




Y que el dibujo pertenece a Facundo Gorostiza 😊 



El Hombre Pastilla




Estoy en mi habitación de la planta baja, con la ventana abierta y es la una de la madrugada. La inspiración ha alejado al sueño.
        Por la ventana contemplo el parque del fondo, con mi eterna taza de té. Es el intervalo mientras escribo un relato corto, cuando algo llama mi atención.
Dentro del pequeño horizonte del parque hasta la calle, aparece una extraña figura. Está a unos cien metros.
Lo observé un momento:
“¡Ahí está! ¡Parece una estatua!”, me digo.
    Nunca olvidaré esa escena y recuerdo que, a pesar de lo misterioso, ese ser que todavía no se define, me trasmite una sensación de empatía.
“Cree que yo no lo veo”, pienso y me vuelvo a decir: “No debe de medir más de un metro”.
Al salir un poco de la alucinación, me doy cuenta de que llevaba una túnica negra, con una línea gruesa horizontal que le cruza el rostro redondo, gris metálico… ¡como si fuera una pastilla!
El farol de la calle me permitía verlo bien y, por un rato, sigue igual.
Yo desde mi ventana, él a cien metros, junto al farol de la calle, seguimos sin movernos. Es cuando deduzco que no es de este mundo.
—¡Es un ser astral!—exclamo, alucinado, a punto de volcar mi taza de té.
Imagino sus pensamientos. Supongo que debe creer que, como está parado junto a la caja de luz, quieto como estatua y de madrugada, nadie nota su presencia.
Si no fuera por el farol y el pasto corto del parque, no podría verlo tan bien y dudaría de mi cordura.
Aunque había oído historias sobre este tipo de extraterrestre sabía que, bajo ese traje, hay un cuerpo vaporoso. Sé que a estos, en particular, les encantaba visitar la Tierra.
¡Les gusta experimentar un mundo de dimensión densa!
Se disfrazaban y bajaban como un cohete con sus trajes espaciales y sus rostros redondos y planos.
Concluyo que puedo quedarme toda la noche mirándolo y sé que él no se moverá. Pero me preocupa que sean las dos y media, porque tengo que levantarme a las ocho de la mañana.
Es cuando caigo en la cuenta de que él y yo somos los únicos despiertos.
¡El hombre pastilla observa mis movimientos!”, digo para mis adentros y, a pesar del cansancio, sé que no puedo preocuparme más por él o por lo que pensará de mí.
Con respeto hacia el hombre pastilla, bajo la persiana y me voy a dormir. No descanso media hora, cuando me despierto sobresaltado. Abro la ventana y veo que sigue ahí.
Me recorre un escalofrío.
No tengo miedo, pero su presencia me da una sensación de extrañeza. Por un momento dejo de mirarlo y me acomodo en el escritorio para escribir lo que veo. Entonces razono que el hombre pastilla, con su gran velocidad, por su condición de ser astral, mientras yo estoy de espaldas, puede asomarse por la ventana.
    Desisto y regreso a la ventana.
    ¡Ahí está!
Sé que, según las historias que se cuentan de sus apariciones en Estados Unidos, Alemania y otros países, a los hombres pastilla se los considera seres inofensivos. Además, en su condición de etéreos, es de suponer que tienen un nivel evolutivo más alto que el nuestro.
El sueño me vence. Dejo al hombre pastilla libre de hacer lo que quiera. Eso sí: no me olvidé de cerrar bien la ventana.





jueves, 8 de febrero de 2018

El Metro de Terciopelo Vol. 37 Nos visita Machi Carreras


Maravilloso inicio de temporada con la presencia del amigo Machi Carreras



sábado, 3 de febrero de 2018

¡Comenzamos una nueva etapa en ''El Metro de Terciopelo"!


A partir del miércoles 7 de febrero desde la vecindá trasmitimos: El Metro de Terciopelo.
  Seguiremos con las entrevistas a diferentes artistas, que se llevarán a cabo miércoles de por medio, mientras intercalamos con la Licenciada en Cosas, que dos miércoles por mes, nos hablará de la poesía y la música de nuestros fantásticos invitados.  







Viñeta del sábado: Bosque Extraterrestre

Bosques extraterrestres




I

Era el tercer día de marcha, por un bosque de árboles y plantas tan tupidas que la maleza parecía preocupada en no dejar pasar la luz blanquecina de la atmósfera. Bajo el denso manto vegetal acababan de almorzar y sentado en unas de las hojas oscuras recolectadas por Boros, Ulises se limpió la boca y comentó:
    —Hay algo que todavía no entendí y creo que mi compañero de Sarco estará de acuerdo… —Boros aunque no sabia que iba a decir el otro, afirmó y Ulises continuó—. En este mundo encapsulado, de tierras voladoras, con todo en lo que en ellas hay. Es más increíble de lo que podríamos haber imaginado. Pero, no sé si será que desde que llegamos no hay llovido y en caso, de que dentro de esta nave exista la lluvia, te tengo otra pregunta. Lo que todavía no entiendo Romsol, es como mantienen estos bosques y praderas tan verdes…
    Romsol miró al humano y respondió:
    —Los mantenemos gracias a redes milimétricas, algunas del tamaño del grosor de un cabello, que se extienden bajo tierra. Estos proveen de nutrientes al suelo —tocó una hoja y siguió—. Con respecto a la humedad de las hojas, son las neblinas producto de la misma atmósfera interna.  

                    Este extracto pertenece a la novela: La Máquina de la Vida



lunes, 29 de enero de 2018

¡Ahora en librería Hernandez Av. Corrientes 1436!

Todo lo que uno hace, tiene sus resultados. Por eso, con mucho esfuerzo con mis libros llegué a la gran Librería Hernandez de Av. Corrientes 1436, Buenos Aires. Abajo les dejo un link de Mercado Libre donde se vende Laberinto Bilingue. Ese maravilloso libro de poesías y cuentos cortos existenciales que gracias a muchos amigos, ya circulo por canales no tradicionales de América del sur. 











sábado, 27 de enero de 2018

Cuento del sábado: Frutos extraterrestres

Frutos extraterrestres







Su amigo de Sol también estaba ahí casi estático como él. Observaban una plantación de árboles frutales que crecían frente a sus narices. Estos eran altos de tronco liso y oscuro. En largas hileras cada, veinte metros, se erguían majestuosos ante la presencia de los visitantes. Al igual que los fuertes y duros pastos que crecían en el páramo, sus hojas eran de color verde claro casi fosforescentes y sin poder creer todavía el destino que tenían ante tal hallazgo, el nuevo descubrimiento hizo que los dos se quedaran absortos ante el paisaje. Porque mientras miraban embelesados los grandes frutos redondos y amarillos medio apocados casi dorados, que crecían bajo las altas ramas. Nunca imaginaron que a solo una centena de metros de su antiguo camino podían existir plantaciones tan bastas.
    Saliendo de la alucinación que el nuevo paisaje le provocaba, y luego de una corta carcajada, Ulises dijo: 
      —No espero que me des la razón, porque sabes que nunca me intereso tenerla. Bastaría con que me hagas pie para ver si alcanzamos. 
        Indicó uno de los frutos más bajos que colgaban a unos tres metros del suelo. Boros lo ayudo hasta que de un fuerte manotazo Ulises tiró el pesado fruto sobre los pastos.
    De cáscara dura y gruesa y por la falta de herramientas no fue fácil la tarea de abrirlos. A fuertes golpes contra el oscuro tronco lograron romperlo para que, de su centro, saliera un líquido transparente y no muy espeso. Ulises se apresuró a beber, el saetiano cuando prefirió no probar. Adujo que no tenía apetito y se fue en busca de algún fruto caído que entre tantos árboles estaba seguro que enseguida encontraría.


Este extracto pertenece a la novela ''La Máquina de la Vida"


viernes, 19 de enero de 2018

Cuento del sábado: Confianza y Seguridad

Confianza y Seguridad





El tren público y gratuito bajó la velocidad y se detuvo en la franja amarilla. Ulises se dirigió hacia una computadora desocupada, pasó el chip por la ranura y la máquina le entregó un ticket de viajero, con el que se sorteaba una estadía en las antiquísimas bases extraterrestres, ahora recuperadas, del lado oculto de la Luna. Luego fue en busca de una azafata que pudiera guiarlo en su trayecto a pie hasta la astronave.
    Con los cambios culturales de las últimas décadas y con una abundancia como nunca antes, se hubiera imaginado. La gente se había vuelto cada vez más minimalista y esa sencillez había llegado a sus ropas. Entre la multitud de la Terminal de San Carlos, se veían los típicos vestidos de cáñamo, de colores muy claros que casi todos usaban, también se destacaban, los ciudadanos que por el día de hoy, habían optado ser “confianza y ayuda” y que eran el equivalente a la seguridad de otras épocas.




 Este extracto pertenece a la novela: La Máquina de la Vida

sábado, 13 de enero de 2018

Cuento del sábado: Encuentro

Encuentro



I

La tranquilidad volvió a la sala central. Boros se acomodó en el cubo que utilizaba como asiento y Ulises, continuó de pie. La astronave al fin se había detenido. Todo transcurrió tan rápido y con tanta agitación, que recién se daban cuenta de que tenían un hambre atroz.
    Boros revisó la reserva de alimento y confirmó que esta superaba sus mejores previsiones. Había comida para varios meses.
    El saetiano miró a Ulises, y desde el cubo gris, con un ademán, dijo:
    —¡Adelante!  
    Entonces manipuló los símbolos holográficos y poco después, sobre el cubo que usaban de mesa, había un suculento almuerzo, estilo saetiano.
    Ulises no dejaba de sorprenderse del arte culinario de Boros. Por otro lado, las verduras, gracias a la magia de la Federación de Mundos, parecían recién cosechadas. La salsa agridulce que ponían en todas su comidas, por supuesto, también ayudaba a que fuera un verdadero manjar.
    Con la panza llena, Ulises pensó en lo que había dicho su compañero sobre las reservas de alimento, y se dijo: “Cuando el alimento de Sarco se acabe, quedará solo el de Sol”. Luego preguntó:
    Boros, ¿cuáles son las reservas de alimento de Sarco?
    El otro revisó los datos y comentó: 
    ¡Tenemos mucha comida saetiana! ¡Si la repartimos en pequeñas raciones, va a alcanzar para sesenta días!
   

II

Quedaron en silencio. La computadora ahora actuaba como ventana y mostraba una estrella enana blanca.

"Este extracto pertenece a la novela: La Máquina de la Vida"






martes, 9 de enero de 2018

¡Esto sucedió el domingo pasado en Dominoche!

domingo, 7 de enero de 2018

¡Hoy es una noche especial! At the night estamos en DoMiNoChe



Esta noche, al mejor estilo Uner Sbriller, en "La Casita de los Chasquidos" se viene un hermoso evento de Polipoesía en el que me podrán escuchar.




sábado, 6 de enero de 2018

Cuento del sábado: Los seres de mentes barrocas

Los seres de mentes barrocas




     
Con el despuntar del alba comenzaron a caminar.
          El denso bosque terminó en una suave pradera de pasto amarillo. Ahora, por la izquierda se presentaba una desértica pampa y por la derecha una cordillera de fuertes pendientes. Había sombras sobre su camino. En ayunas, continuaron por la pampa cuando Romsol comenzó a decir:
         —Lo que buscamos en ustedes es un cambio de conciencia. Por la falta de conciencia existen mundos que son esclavos de las fuerzas de la oscuridad. Por eso, sepan que depende siempre de sus sociedades,  aceptar una influencia… —Romsol les pasó dos frutos de su bolso y siguió—. Ni tan siquiera los espíritus del mal tienen poder si sus sociedades se cierran a ellos. Pero si no tienen discernimiento, si no saben protegerse, si no toman precauciones. Ellos pueden arrastrarlos hasta el infierno mismo.
      —¿Quiénes son estos seres? —preguntó Ulises.
    —Son seres de cuarta dimensión. Son parásitos muy inteligentes, de mentes barrocas. Ellos no pueden crear realidades y por eso, se alimentan de ustedes que son creadores. Ellos saben cómo deben tentarlos con toda clase de cebos. —y para sorpresa de los otros dos, Romsol dijo—. Dios les ha dado ese poder.
    Ulises volvió a preguntar:
    —¿Pero qué mal podemos hacer si solo creamos nuestras realidad?
    —¡Mucho mal! —exclamó el argonita cuando mordía una fruta y siguió—. Como una galaxia es un ser vivo y un sol, un planeta, un árbol y un insecto.  Cada acción de un ser consciente, por mas pequeño que este sea; repercute de forma inesperada a millones de años luz de distancia en otros seres conscientes. Esto, los seres de la oscuridad lo saben bien y como un tablero de ajedrez ellos juegan en contra de la Luz. Asimismo el equilibrio de un ser que va por el buen camino, a millones de años luz; repercute también en ustedes.
     —Esto significa que la acción de nuestros mundos, repercute en el resto del Universo; porque como antenas que transmitimos nuestros sentimientos, estamos conectados con el resto del Universo —dijo Boros.
    —¿Cuando soñamos, nos transmiten desde otras dimensiones… —preguntó Ulises, Boros quedó en silencio y el argonita comentó: 
    —Seguro Ulises, estas en lo cierto, por eso en tu mundo está el dicho que dice: ¡Quien persigue a sus sueños va por el buen camino!
    Los otros dos rieron.
    Ulises recordó los años de hibernación y el sueño de los delfines en la colina, se le hacía presente.
      —¡Sí! —dijo luego.
    —Los delfines son sus hermanos acuáticos. Hay un puente entre las almas de estos gráciles seres y los humanos terrestres  —dijo Romsol adelantándose a una posible pregunta.
    —Siempre imaginé que algo así podía ser la respuesta. —Dijo el humano solar cuando arrojaba las semillas del fruto violeta—. Me queda una pregunta ¿Por qué  los delfines no crearon una civilización como la nuestra?




 Este texto es un extracto de la novela: La Máquina de la Vida


sábado, 23 de diciembre de 2017

Viñeta del sábado: Los frutos del árbol

Los frutos del árbol









Boros se detuvo a observar el primer árbol y con cara de no tener respuestas volvió a levantar los hombros.
    Los pequeños árboles eran de tronco blanco y hojas amarillas, estos, no superaban la centena y seguidos por los niños de sorprendentes ojos, continuaron hasta la siguiente loma.
    Cuando comenzaron a subir, sin intención de soltárselas, los pequeños los tomaron de las manos y los empujaron hacía atrás. Indicaban los pequeños árboles. Decidieron regresar a las plantas.
    Cuando llegaron al primer árbol, los niños les indicaron unos frutos anaranjados.
    Los dos se sentaron debajo de la copa de un árbol y empezaron a comer los frutos. Pero los otros no se creyeron en la obligación de quedarse a ver si los visitantes continuaban con lo que se les había encomendado y con cada manchado, jugando, se alejaron hasta desaparecer en la loma siguiente.
    Los frutos eran dulces de consistencia mantecosa,  sabrosos y hasta que creyeron no poder más, los dos acusaban buen apetito, comieron hasta el hastió. Sin poder tragar otro bocado, Ulises le ofreció a uno de los niños que rezagado, se había quedo a observarlos, pero este por alguna razón, se negó a tomarlo. Ulises se apresuró a saludarlo mientras se alejaba:
    —¿Por qué no habrán querido?
    —Tal vez ya habían comido.
    Ulises no se conformó con la respuesta de su amigo y con la idea de que guardaba algo, añadió:
    —Vamos Boros, nos trajeron hasta este lugar para probar estos frutos y se negaron a probarlos como si los tuvieran prohibidos.
    Boros lo miro, luego miro la loma y comenzó a sonreír:
    —Desde ese punto de vista, puede que así sea. Pero no sé si será por estos frutos, o por el lugar, creo no tener muchas ganas de pensar en eso —y para sorpresa del otro, insinuó—: Solo deja que las cosas sucedan.
    La luz del lugar jugaba con las hojas amarillas, una suave brisa haciendo olas con los pastos pasó frente a ellos y Ulises entonces pensó que no sabía si era por el lugar o por los frutos, como su compañero dijera, pero cierto era que una extraña sensación lo estaba reteniendo.



 Este extracto pertenece a la novela: La Máquina de la Vida

sábado, 16 de diciembre de 2017

Cuento del sábado: Ingreso a Monte Olimpo


Ingreso a Monte Olimpo




Sabía que estaba prohibido pero dada la situación, igual descendió hasta la altura de la calle para sobrevolar por una avenida. La avenida terminaba en una elevación, el jet se dirigía a la pendiente y la meseta del fondo, como si tuviera velocidad propia, se acercó demasiado rápido. Ante el choque, el instinto le hizo mover los brazos hacia abajo. En sesenta grados con las alas dobladas, cambió de rumbo. Bordeó la elevación de tierra rojiza y subió al cielo cubierto de aparatos.
    Como un cohete, el jet ascendió y la fuerza centrifuga casi le hizo desmayar. Pero el cuerpo empezó a responder y pudo giró en dirección al puerto espacial Monte Olimpo.
    Tenía un horizonte aéreo despejado y pudo observar que a lo lejos, en el centro de la ciudad, las altas torres estaban incendiadas. Ahí se dio cuenta que las posibilidades de escapar a la destrucción de la ciudad estaban en el momento actual. Sintió un fuerte nudo en la garganta, y se dijo:
    —¡Sofía! ¡Los chicos!
    Una gran angustia lo tomó. Lo primero que haría al descender sería llamar a su familia y con una parábola de noventa grados, tomó calles laterales y avenidas hasta divisar los primeros hangares.
    Si haber entrado en la ciudad, había sido toda una hazaña. El espacio puerto era una tarea para suicidas. Los millones de capitalinos, parecían haber decidido evacuar todos al mismo tiempo.
    Cubierto por una maraña de naves aéreas, otras miles intentaban despegar. Antes de que pudiera realizar cualquier cálculo, una embestida de otro transporte, le hizo que perdiera altitud y quedara casi al ras del suelo. Con una nube de polvo a su paso y sin control de su jet, Martín pensó que el fin estaba próximo cuando con rápidos reflejos, entró en una pequeña pista. El tren de aterrizaje con los soportes se partió. Una maraña de cables y una lluvia de chispas pegaban contra la cabina. Chocó con una chapa y el blando metal desapareció tras su jet. “Estoy dentro de uno de los hangares” se dijo dándose animo y con una bocanada de aire, salió del aparato.
    Inmensas nubes de humo escudriñaban la ciudad. Por las calles de los hangares, la gente corría y chocaba una con otra. Pensó en su familia y se preguntó si estarían a salvo.

 Este extracto pertenece a la novela "La Máquina de la Vida"





sábado, 9 de diciembre de 2017

Cuento del sábado: Ulises

Ulises





Toda la noche estuvo con desvelo, intentó dormir un poco, pero al no poder, prendió la máquina de Realidad Total que le había prestado Martín. “Que extraña aventura” se dijo al recordar ese boliche, la misión que tenía encomendada por los humanos gigantes y a su compañera. “Todo muy real, todo muy virtual” se dijo a si mismo. Tuvo la sensación de que debía levantarse, cuando una polka de Strauss comenzó a sonar. El alba ya calentaba las islas de la estación espacial Progreso 3 y por último pensó “Que manera más rara de descansar en la noche o de no descansar”. Le hubiera gustado quedarse en su casa, pero sabía que no podía faltar a su trabajo, menos con la jugarreta que ese personaje caricaturesco llamado Manston, le hiciera días atrás.
    Todavía con las imágenes de esa fiesta y de ese mundo fantástico, se quitó el visor holográfico, quitó el pequeño disco dorado del aparato y se levantó rumbo a la ducha.
    El agua descendió en pequeñas gotas, el aire de la plaza Victoria entró por la ventana y Ulises, como su consejera y doctora en la Fluorescencia Cultural le enseñara; recopiló los pocos sueños que tuviera esa noche antes de tomar la decisión de prender la máquina de Realidad Total. En su meditación, solo una imagen estática de los astilleros marcianos fue todo lo que recordó.
    En la sala de estar, olvidó a los astilleros y, con un chasquido de sus dedos, encendió la pantalla de realidad total de su casa.
    Esta cubría toda la pequeña estancia, los hológrafos salieron disparados por toda la habitación. Ulises, con su larga cabellera casi rubia cayéndole por la espalda se acomodó y dijo:
    —Torck, noticias por favor.
    De ángulos rectos y cubierto de nubes blancas, apareció una cabeza de la isla de pascua, que dijo:
    —En otro intento de investigar en Siria A la atmósfera del gigante Atlas, hoy, martes 7 de noviembre de 2177, el gobierno de la Tierra, perdió seis naves robot de investigación científica… Esta misma semana, empieza a tener vigencia la ley de inmigración para saetianos… Se inauguró la primera estación para civiles más allá de la nube de Oort —la cabeza de Torck, emulaba a una de las estatuas de la isla como si, con las nubes en movimiento tras su rostro, esta hablara—: Los especialistas dicen que como se encuentra fuera de la influencia de nuestro Helios, los que vivan en esta nueva estación espacial, por la influencia de Sirio, pueden comenzara a reencarnar en esta segunda estrella… Se encontraron tres nuevos satélites artificiales en Neptuno y Plutón. El gobierno de la Tierra considera que, como en otras épocas de la historia, se tratarían de naves nodrizas extraterrestres.   
    Su compañero electrónico quedó en silencio, los hológrafos desaparecieron, Ulises se quedó pensando y  por orden de Torck, las persianas se bajaron, los utensilios de cocina se guardaron y el ordenador preguntó: 
    —¿Está listo?
    —Sí, Tork, gracias.
   —Si no se olvida nada. Entonces puede partir…
    Ulises se acomodó su traje de cuello mao, agarró el equipaje y la pared blanca que tenía delante se abrió en dos hojas a un pasillo vidriado con un ascensor panorámico que mostraba una vertiginosa vista desde la planta 101.
    Mientras el ascensor bajaba raudo, la Tierra, constante imagen de las mañanas, crecía dos cuartos tras la atmósfera de la estación espacial Progreso 3.
    El trayecto duró un instante y Ulises ya estaba en el andén de la calle 122 del expreso magnético 4.
    Cuando llegara el expreso, a diferencia de otras épocas de la humanidad, no tendría que abonar nada. Para trasladarse a cualquier punto del sistema solar todos hacían uso de un transporte espacial gratuito. El tren llegó, se sentó en un confortable asiento y prendió la pantalla tridimensional:
    En tres dimensiones, apareció el sistema estelar de Sirio mientras un comentarista, decía:
    —¡Noticia de último momento! En la orbita de Laisco se encontró un objeto de origen desconocido. 48 horas después de intentar un contacto, el comandante Sebastián Larson, dio la orden de acercarse. El objeto extraño, tal vez en una forma de defensa, formó una bola de luz y desapareció. Por ahora no se sabe su procedencia. Este fue el informe 325, fechado 7 de noviembre de 2177.
    Después de la simulación de la bola de luz, el comentarista, continuó:
    —En el sistema comenzó todo tipo de revuelos. Varios manifestantes se congregaron en Nueva York, Berlín y Pekín. Los manifestantes están en contra de la condecoración de Sebastián Larson, alegando que se está condecorando un error humano. El consejo de Sabios defendió su decisión, apoyándose en que el comandante se acercó en forma amistosa y que el objeto desconocido, al igual como se fue, podía algún día regresar…
    “Es una noticia interesante”, pensó mientras se decía: “No sucede algo así desde que hicimos contacto con los saetianos. Pero… ¿no sería una nave de ellos? De no ser así ¡Es público!” y con emoción concluyó “¡Hicimos contacto con una nueva civilización!”
    Mientras marcaba la clave de su casa y esperaba a que apareciera Torck, sus ideas dieron un vuelco y más pesimista, por último pensó: “¡Cómo si no tuviéramos bastantes… con los saetianos!”




 Este fragmento pertenece a la novela "La Máquina de la Vida"

sábado, 2 de diciembre de 2017

Cuento del sábado: El Universo depara sorpresas

El universo depara sorpresas





Ese día estaba bastante inspirado, por eso, decidí poner unas palabras con el teclado.
    Luego de una corta frase que ahora no recuerdo, junto a una coma, sin querer, apreté mayúscula. Grande fue mi sorpresa cuando vi el resultado: una “,” Mayúscula ¡Pero mi asombro no terminó ahí! Llevado por el nuevo descubrimiento probé con un signo de interrogación. Esta vez, no salió mayúscula. En cambio, apareció un símbolo cuneiforme mesopotámico. Entonces, entendí que no eran mayúsculas.
    “Algo debe de estar pasando con el teclado,” pensé mientras tiraba letras al papel virtual y más letras sumerias salían. También descubrí que, si apretaba dos veces una letra, aparecía un nuevo significado, distinto del primero. Los símbolos representaban: “A”, ondas de agua,  “B”, beber y también buey, “C”, cebada y también cabeza, “D”, doméstico y hombre, “I” ir, “P” pez, “M” montaña, “T” Tierra y territorio, “V”, mujer. Como sólo tenía que poner la letra y salía en este idioma, al final aprendí a escribir un poco de sumerio. Luego, lo único que tuve que hacer fue aprender cómo se relacionaban los símbolos.
    Soy traductor de idiomas mesopotámicos, y nadie sabe mi secreto.
    El universo depara sorpresas…